Atravesando el arrecife (Poema)

I

Parece que haya una paz de febrero en el aire.

Perfuma el humo la estancia con sus mezclas caóticas de ruidos.

Y la ventana,

abierta al espejo difuso de ondas,

sobrevuela con la mirada la risa de los niños

en la plaza.

Vivo

más allá de Punta Brava,

donde conviven miseria y remos,

donde todo se detiene

en un rumor de olas confuso

entre la vida de infancias y el regreso a los bancos ancianos.

Mientras, camina el ciego,

sigue sus huellas de arena

buscando la horma de su musa perdida.

Y lejos, La Barra fronteriza me vigila

en el abismo de un baño

sin límites.

II

Allí,

el último coletazo de ira

sin yemas de esperanza

me lo aplastó el silencio.

En procesión de megalitos

se fueron los sueños

por la vereda de los abrazos caídos.

Una impotencia de algas

se apoderó de mí

y no supe traicionarla.

III

Pero sobrevoló la gaviota las aguas…

y cantó su verso.

Afrutada, como la carne del vino joven

me pareces.

Postrera, como el suave licor de las nueces

que termina.

Cenicienta, como la luz de los ojos

más tristes.

Tomarás el día en su punto.

Tomarás el día en su punto.

Tomarás el día en su punto.

Teresa Iturriaga Osa

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