“Hombre libre, siempre querrás al mar”. Charles Baudelaire

Relatos de Navidad, Día de Reyes en la montaña. (2ªParte)

(Fotos. Algunos momentos de las entrega de juguetes, en los caseríos del centro de nuestra isla)

Bien, ahí va.

” Esto ocurrió’ en un pequeño caserío llamado El Juncal de Tejeda. En este lugar habla una pequeña plaza y llegamos a ella después de los consabidos avisos con voladores y trompetas. En un dos por tres río 3 vimos rodeados de niños y con su maestra de escuela tratando de poner orden pero no habla manera. Revoloteaban a nuestro alrededor como pajarillos. Para poner un poco de orden a alguno de nosotros se le ocurrió gritar ¡ Antes de repartir los juguetes queremos que nos canten unos villancicos !. ¡ Ay mi madre, para que fue aquello ! Hasta la maestra cambio de color. Poco a poco se fue haciendo un pesado silencio y las risas se fueron apagando paulatinamente. Las pobres criaturas, desconcertadas, se miraban unas a otras y a la maestra la cual no sabia como ponerse. Aquello fue un golpe bajo. No sabían cantar ni un villancico. Antes de que la cosa fuese a mayores pues hablamos ido a llevar alegrías y no tristezas aclaramos que era una broma. Pedimos disculpas a la maestra y a los niños y con el reparto de juguetes volvieron las risas y fiestas. Nos despedimos y prometimos volver.

Cumpliendo con nuestra promesa volvimos al año siguiente, Cuando llegamos al pequeño pueblo nos quedamos un poco extrañados al no ver a la chiquillería en la plaza a pesar de nuestros sonoros avisos. Nos sentamos en unos muritos de piedra y no hablan pasado ni cinco minutos cuando aparecieron por una esquina en fila india con la maestra, la misma del año anterior, poniendo orden. La cara de los chiquillos era un poema. Sonrientes y con esa expresión que ellos ponen ciando van a cometer alguna pillería. Nosotros nos mirábamos preguntándonos ¿ Que se traerán entre manos estas criaturas?. La señora maestra los fue poniendo a todos muy bien colocaditos delante nuestro y ¡Dios del cielo, comenzaron a cantarnos unos villancicos!. No nos creíamos lo que estábamos viendo. Y además afinados.

” Abuelo ¡ No me engañas ?…” no mujer, me puedes creer que es cierto”….”Bueno pues cuéntame la ultima y que sea cortita. ¿Vale? Bien, pues cuando salíamos de este lugar rumbo á otro caserío una se ñora nos paro y nos dijo; miren allí arriba en la ladera hay dos niños. ¿ Los ven ?, están cortando hierba para los animales y no han podido bajar. Dejen alguna cosa para ellos. Nosotros no veíamos a nadie y seguimos nuestra ruta barranco abajo. Cuando llevábamos unos 15 minutos caminando creímos oír unas voces. Eran reales. ¡¡¡ Reyes, Reyes esperen ¡¡¡. Paramos la marcha y aparecieron dos criaturas que no tendrían mas allá de 7 años. Venían desalados y casi no podían hablar. ¡Descalzos!. Les faltaba poco para romper a llorar. ” Señores Reyes estábamos cortando hierba y no pudimos bajar a la plaza, mi madre me dijo que traían cosas con ruedas y balones, .¿ Queda algo para nosotros ?. Nos quedamos de piedra y de verdad que nos costo asimilar lo que :estábamos viendo. Por suerte teníamos lo que nos pedían. Bien, le dijimos,”Extiendan los brazos que se van a llevar todo lo que puedan, incluido balones y camiones. “. Cargaron con todo lo que pudieron y traspusieron barranco arriba mas contentos que unas Pascuas. ” Abuelo, me has hecho llorar “…Pues créetelo que es cierto. Hubo un tiempo que las cosas fueron así para mucha gente en el interior de la isla. Difícil de creer ¿ Verdad?.

Final. La niña se quedo pensativa y triste durante unos momentos. Debió de acordarse de algo pues se le ilumino la cara y levantándose de un salto salió corriendo y se sumergió en su mundo. Bendito sea Dios.

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