“Hombre libre, siempre querrás al mar”. Charles Baudelaire

Prohibido bañarse bajo “pena” de maldición

Años treinta y cuarenta

Hasta la llegada del turismo, Las Canteras en otoño, invierno y primavera solo era disfrutada por los pocos vecinos del istmo y por los pescadores del entorno de la playa.

En los meses del verano llegaban los veraneantes con “perras” desde la ciudad vieja.

Era uso y costumbre empezar a remojarse a partir del 24 de junio, día de San Juan

Antes de San Juan los niños tenían literalmente prohibido bañarse bajo “pena de maldición”, entre otras, se encontraba la de que el cuerpo se te llenaba de ronchas o llagas o la más usual: la de la paliza de los padres, sabedores de que el agua fría no era buena para la salud de entonces.

Eran pocos los chiquillos que se arriesgaban a los castigos y casi todos respetaban la norma -no escrita-  de no bañarse hasta la señalada fecha de junio.

Solos los jóvenes más atrevidos se arriesgaban a la paliza: bajaban descalzos por las calles de La Isleta, se despojaban de su ropa y en calzoncillos se tiraban al agua, saboreando el placer del agua salada de la playa de Las Canteras.

Tras el día de San Juan comenzaba “oficialmente” el verano por lo que la playa se llenaba de familias enteras dispuestas a darse los primeros chapuzones del año, y como marcaba la tradición después del primer baño había que venir a la playa nueve días seguidos a darse otros tantos remojones para que todos los conjuros y promesas para verano que acababa de empezar se cumplieran.

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