“Surfear es bailar con las olas”. Gerry López

Pepe “el Limpiabotas”: un referente de aquellos años del boom turístico

José Rodríguez Bernal, popularmente conocido por Pepe “el Limpiabotas” fue un vecino de La Isleta que fue testigo privilegiado de una de las etapas más importantes de la historia turística de Canarias, concretamente las del Parque Santa Catalina y de la calle Ripoche.

En su memoria, tiene un pequeño parque con su nombre que baja hacia el mar en la entrada de El Confital

Trabajó durante el esplendor turístico de la capital y también durante la decadencia de los años 80, un hombre de mundo, gran viajero, que sabia escuchar para luego anotar en papeles y notas las incontables historias y anécdotas del parque Santa Catalina. Quienes le conocieron destacan que era un gran conversador y contador de historias.

A Pepe le faltaba una pierna, debido a ser atropellado cuando niño por el tranvía que unía la ciudad vieja con la zona del Puerto.

 

Limpiabotas del parque Santa Catalina en los años setenta



Pepe “el limpiabotas” por Ángel Tristán Pimienta

Cuando José Rodríguez Bernal trabajaba se quitaba la pierna ortopédica, que al principio fue de palo y más tarde articulada. «De rodillas es imposible llevarla». Y el trabajo era lo primero. Era un limpiabotas, o betunero, singular. La invalidez, decía, no era una enfermedad que le incapacitara «como persona humana». La vencía todos los días, con largas caminatas, o nadando: le gustaba batir sus propios récords. De la orilla a la barra, la playa de lado a lado, o una travesía a mar abierto desde la matazón, por la desembocadura del Guiniguada, al muelle Santa Catalina, siete kilómetros agotadores con una sola pierna.

Disfrutaba tertuliando en la terraza del Guanche o de La Peña, contando sus hazañas a comerciantes, rentistas o empleados de banca. Pocos habían tenido la oportunidad de recorrer mundo. Y él, que perdió la pierna «fue mala pata», sonreía, cuando tenía ocho años, en un accidente del tranvía, había estado en Roma en 1963 para ver al Papa. No pudo hablar con él, pero a través del embajador en el vaticano el entregó dos retratos que habían hecho Eduardo Millares Sall (Cho Juáa) y Martín Madera. «Claro, Pablo VI se encontraba descansando en Castelgandolfo».

No pudo esperar a la vuelta del Pontífice «porque me quedaban cien pesetas escasas». E incluso en aquellos tiempos, era una cantidad menos que minúscula para encontrarse en Roma. «Me impresionó mucho Londres, en 1964, cuando fui a depositar una corona a la tumba del doctor Fleming, el descubridor de la penicilina. Salvó la vida a mi hijo cuando éste tenía cinco años». Arrastrando la prótesis en 1964 cruza el charco y realiza el periplo americano: Santos, Montevideo, Buenos Aires, Rio de Janeiro.

Los clientes y los compañeros de tertulia le escuchaban embobados, y un punto envidiosos. Agachado a sus pies, dándole brillo a los zapatos con el cepillo y el trapo, brillante de millones de restriegos, Pepe contaba todo aquello como lo más natural del mundo, amablemente, sazonando su experiencia con datos sacados de las guías turísticas. Insistía mucho en que el pasaje era producto sólo de su trabajo. Y de nada más. «La gente sabe que trabajo día y noche, y con este sacrificio logró reunir las perrillas para el viaje? El viajar da cultura, y a lo mejor el día menos pensado esto me sirve para algo».

¿Y no has tenido miedo..?, le preguntaban sus amigos. No, no, negaba con un gesto de su mano apoyando las palabras. Nadie lo dudó. Poco antes había volado en una avioneta con un piloto que hacía su primer vuelo en solitario. «Añurgado sí que iba; fueron dos horas, y casi nos caemos al agua».

A los once años se fabricó la primera caja con unas maderas cogidas en los muelles. Al limpiar el primer botín, cuando el cliente puso un pie en ella, «se descuajaringó». Gracias a unos conocidos, el delegado de Shell le regaló una nueva. Desde ese día Pepe colocó con Imedio un cartelito de la petrolera.. Fue, quizás, el primer limpiabotas sponsorizado de España

Anécdotas con Pepe por Miguel Ángel Hernández

… yo me los limpiaba de 2 en 2 …. y el betunero se llamaba Pepe, y le faltaba una pierna.

Pepe “el limpiabotas” era un gran nadador y todos los años por las fiestas del Carmen nadaba desde el túnel de La Laja hasta la marquesina del muelle de Sta. Catalina a donde acudía una gran cantidad de gente a recibirlo como un héroe….
…. y acto seguido le rezaba un “Ave Maria” al Dr. Fleming en agradecimiento por haber descubierto la penicilina, ya que gracias a ella vivía su hijo….

Gracias a un gallego residente en Las Palmas de Gran Canaria … Don Manuel Montenegro, creo que se llamaba, Pepe pudo viajar a Londres y visitar la tumba del Dr. Fleming y depositar unas flores a su admirado científico.

…era un hombre de una esmerada educación, gran cultura y sobre todo dotado de una gran fantasía ….. a mi con 13 o 14 años me contaba que cuando nadaba desde el túnel le pasaban por debajo tiburones, cachalotes , rayas, etc. y que siempre lo respetaban …. y que una vez una familia de delfines lo escoltaron desde Bocabarranco hasta la entrada del “Dique” y luego se despidieron.

Fuente: Autores y Conoce La Isleta

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