Edificios históricos desaparecidos del paseo de Las Canteras: Italcable

Edificios históricos desaparecidos del paseo de Las Canteras: Italcable

El edificio, de 2 enormes plantas y grandes ventanales, fue construido entre 1924 y 1925 por la «Compagnia Italiana dei Cavi Telegrafici Sottomarini di Milano” (ITALCABLE) para ser usado como sede de la compañía.  El fin era apoyar técnicamente el cable telegráfico que unía el continente europeo con América del Sur. La construcción servía tanto de residencia para el jefe de la compañía como sede telegráfica y de reparaciones para el cable.

 

Fachada del edificio

 

10/10/1925 La Provincia

Ocupaba una superficie de 500 mt2 y estaba situado en los límites del desaparecido municipio de San Lorenzo, en la playa de las Arenas (actualmente playa de Las Canteras). En la actual zona llamada Punta Brava, dando al mar entre las actuales calles Pelayo y Gravina.

 

Situación en un mapa de aquellos años del edificio desaparecido

La compañía Italcable, de capital privado pero apoyada por el estado italiano, fijó su sede en Las Palmas de Gran Canaria en 1925 en la playa de Las Canteras para servir de apoyo al cable telegráfico submarino que desde Anzio (Roma) recorría Málaga, Las Palmas de Gran Canaria, Fernando de Norohna (Brasil), Uruguay hasta llegar a Buenos Aires. En septiembre de 1970 la compañía cerró y el edificio se quedó ‘varado’ en primera línea de playa durante varios años sin que nadie se quisiera hacer cargo ni del inmueble ni de la maquinaria hasta que una constructora peninsular lo compró y lo convirtió en un edificio de pisos.

«Los que conocieron la casa de Italcable en Las Canteras, a la altura de la actual calle Gravina, no han podido olvidarla. Se trataba de una enorme construcción con una enorme terraza y grandes también sus habitaciones, llenas de ventanas con contraventanas de madera y un suelo de baldosas antiguas que resultó sepultado cuando se produjo su demolición. En el piso de abajo se ubicaba la sala de máquinas, donde los teletipos trabajaban día y noche para comunicarse con todo el mundo, y en su trasera un gran terreno de arena donde los chiquillos jugaban a cualquier cosa que les viniera en gana. Las familias de algunos de los jefes de Italcable, fundamentalmente italianos, se habían establecido en la casa y de ella disfrutaban lo mismo que de las pistas de tenis que la empresa se había hecho construir en lo que llamaban la gota de leche, después reformatorio y finalmente Escuela de Artes Aplicadas donde disputaban sus partidos con los ingleses radicados en la isla.

 

Ugo Maccanti  (saludando a una señorita) vino desde Italia en los años treinta para hacerse cargo de la sección técnica de ITALCABLE.

Los telegrafistas se permitían el lujo de tertuliar en las puertas de Italcable con este o aquel y, como en el Oeste que se nos presenta en los largometrajes, corrían hacia las máquinas cuando éstas hacían el más mínimo ruido por si alguien precisaba conectarse de manera urgente con algún vecino de la zona. Italcable desapareció con el avance de la tecnología y cómo no, con el del paseo de Las Canteras, dejando un recuerdo agridulce entre aquellos que la conocieron que, sin embargo, no han podido olvidar de qué manera el enorme edificio miraba al mar como si adivinara las noticias que le iban a arrojar las máquinas que albergaba en su seno. En su lugar de ubicación se levanta ahora un edificio de apartamentos que lleva su mismo nombre» Ildefonso Bello Cárdenes

Marion Cavanis: hija de uno de los ingenieros, fundador y director de Italcable mantiene en sus recuerdos su estancia en aquellas instalaciones, donde rememora el olor particular a salitre y la frescura marina que se respiraba en su ambiente.

«La casa tenía magia, era alegre, el sol entraba por todas partes. Dando al mar, había una terraza muy grande que hizo las delicias de mi niñez. Los cuartos eran amplios con grandes ventanas, los suelos de baldosas antiguas que tanto me siguen gustando. En el piso de abajo la sala de máquinas, donde los teletipos trabajaban día y noche para comunicarse con todo el mundo. Detrás de la casa había un gran terreno de arena, donde jugaba con mis amigas y me divertía a no más poder…. Hoy ya no existe. Hace unos años la derrumbaron y en su lugar para no desentonar con el entorno, construyeron una horrible mole de cemento, sin pensar en nuestra playa, donde tanta falta hace un poco de verde. Que bien si la hubieran destinado a ser un centro cultural, Biblioteca, Conservatorio, Museo del Mar…..rodeado de árboles, palmeras, hibiscos dando así un poco de vida a esa tristísima avenida de Las Canteras»

 

En el año 2010 se le rindió un pequeño homenaje al desaparecido edificio. Fue organizado por el consulado italiano y Luis Maccanti, y sirvió para que se volvieran a ver muchos compañeros, familiares y vecinos de la legendaria compañía italiana de cables telegráficos.

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