Relatos del concurso “Palabras de gratitud a la playa de las Canteras”

Relatos cortos recibidos en nuestro correo para participar en el concurso literario organizado por esta web.

Los textos están publicados de una forma aleatoria. Copiados y pegados, sin corregir sus posibles errores ortográficos.

 

La Carrera 

Unos días antes de la declaración salí a correr. No pensaba ir por la arena pero la luna llena y la marea vacía del todo decidieron que me lanzara por las primeras escaleras de acceso. No hacía viento, solo una tenue bruma marina flotaba en el ambiente mitigando el destello de las luces de colores de hoteles, tiendas y restaurantes. El perfume de la playa de Las Canteras, tan familiar para mi, había inundado mis pulmones.

Primero toque el muro de la virgen, aquello renovó mi pequeña hazaña nocturna. Un nuevo comienzo dentro del camino. Mis pisadas aumentaban el ritmo ante la invitación de aquella enorme pista que se cernía ante mis ojos, salpicada de rocas de arenisca y de basalto que debía sortear. Toqué con mi pie la última piedra vista de los Muellitos y emprendí la vuelta al principio, que sería también final.

Durante toda la carrera, en mi cabeza, no existía espacio para ningún pensamiento que no fuera dedicado a ese reducto de naturaleza avivado por la luz celeste, testigo de mis primeros pasos, de mi primer margullo, de mi primer beso de amor… Olvidé por un momento el presentimiento de mal presagio. Ahora en este encierro te ansío y te recreo, una y otra vez, grandiosa, benevolente, poderosa, curativa, energizante y pacificadora.

Ariadna Sosa


 

(Re)Nacer

El salitre ha quedado grabado en los cuerpos que una vez disfrutaron de su mar. La sal del océano Atlántico aguarda en nuestra piel para cerrar las heridas de un pasado que fue cautivado por la pleamar. Cada grano de arena preserva en su memoria nuestros primeros pasos, amoríos y confesiones, porque nuestras huellas aún siguen grabadas en la playa que nos vio crecer. La que nos ha protegido siempre de lo desconocido y ha sobrevivido tormentas por doquier. 

Y ahora que no estamos, espera en calma nuestra llegada. Silenciosa nos espera lamiendo los recuerdos que un día le dejamos, con la promesa de volver a abrazarnos. Y cuando volvamos para curar nuestras almas, cuando ansiemos volver a reencontrarnos con nosotros mismos, volveremos a la playa de Las Canteras. Al lugar donde volveremos a nacer.

Claudia Frey


 

Polkas de arena  

Hasta la próxima, señora de Fernández, no olvide la pomada para la piel de la niña, y que tome el sol- le dijo el doctor. Maruja cerró la puerta y agarró a Teresita de la mano. Salieron a la Plaza Mayor, miró al gris cielo -sí, el sol, jaja- pensó. A Teresita le encantaba chapotear en los charcos que iba encontrando por el camino mientras su madre resoplaba. Era la hora de merendar y al pasar por la dulcería Maruja le compró dos polkas, deliciosas y crujientes. Cuando mordía su hojaldre se desmenuzaban en su boca y podía saborear la mantequilla y la… ¿arena? Un grito la arrancó de su sueño ¡Yeray, mi niño, ten cuidado! ¡Ay, señora, perdone a mi hijo, le he dicho que no juegue con la pelota cerca de la gente! Teresa hizo un ademán con la cara mostrando que no pasaba nada. ¡Hay helados Kalise, cerveza, fanta y coca cola! La playa de Las Canteras bullía en un soleado día de octubre. Se había quedado dormida leyendo ¿Dónde están mis hijos? Se puso de pie y los vio en la orilla, construyendo castillos de arena. Sonrió, sacó la cámara y apretó el botón de disparo: sus niños, jugando con la arena, el transparente mar, con la barra detrás y el Confital a la derecha. Los llamó- ¡Alonso! ¡Elba! ¡A merendar! Subieron corriendo, les dio un beso y mientras le contaban la historia del castillo de arena, Teresa sacó la merienda recién llegada de Cantabria: polkas.

Braco


 

«Burgao maldito»

No recordaba su nombre, ni su pasado, ni nada más allá de la ingestión de aquel maldito burgao que había cogido en esta superficie rocosa. Era incapaz de calcular la extensión de este arrecife, pues su pánico era tal que no se atrevía a mirar a los lados. ¿Habrían transcurrido minutos, horas o días desde que se tragó aquel condenado molusco? La sucesión de las olas y el movimiento del sol, a punto de coronar el mediodía, eran lo único que le proporcionaba alguna certeza sobre el transcurso del tiempo. Tampoco tenía referencias espaciales más allá de su propio cuerpo, su asiento pétreo, el agua en movimiento y la línea del horizonte. Por no saber, ni siquiera estaba seguro de que se encontrase en el planeta Tierra. Estaba pues a punto de arrojarse al mar para disolver su angustia, cuando se levantó una enorme ola, lo golpeó, lo hizo rodar y lo volvió a dejar sentado tal cual, pero en el sentido opuesto al que se encontraba en el instante anterior. Entonces, ante el nuevo espectáculo que se abría ante sí, experimentó una euforia infinita y su grito resonó en el universo entero: “¡Mi playa de Las Canteras!”

Mariano de Santa Ana


 

Respirando sola

Siente como su respiración, cada vez más profunda, impregna todo su ser de seba, arena y salitre y al ir soltando lentamente el aire retenido, sus anhelos e incertidumbres desparecen por un instante, como los claros que se abren en la arena entre una ola y la siguiente. Todos los días, a la misma hora, el mismo ritual. Sola, con la única compañía del sol tempranero. Hoy parece que junto al grito de las gaviotas también resuenan en el aire la cantinela de Rafael, el vendedor de barquillos y las risas de las señoras de las barcas de la Puntilla jugando al Bingo. Se sonríe, no sin algo de magua, y sigue respirando profundamente durante unos minutos. El aroma del café recién hecho le recuerda que la mañana acaba de empezar en casa. Se incorpora y recoge la esterilla. Pero antes de replegarse en su cuarentena, echa una vez más un vistazo a través de la ventana de su quinto piso. A lo lejos divisa la montaña de la Isleta y una franja de mar azul intenso. Mira la pared de su escritorio forrada con fotos de la Playa de las Canteras, que desde hace unas semanas luce más bella que nunca. Nadie se tumba en su arena, ni surfea sus olas, nadie pasea por su orilla. La playa vacía, respira sola. Nos toca imaginarla desde nuestras ventanas y balcones y pensar que quizás nos eche de menos…quizás.

Maisa Quintana Rivero


 

Un sueño cumplido

La maresía matutina de mi playa de Las Canteras, a causa de las mareas del Pino, intenta despertar mis sentidos adormecidos. Esta reclusión larga y necesaria unida a esta soledad me está pasando factura. Percibo en sueños aquel olor de los membrillos, comprados en el kiosko de la Puntilla, a la orilla de la playa; los gritos de los chiquillos jugando al clavo y a la pelota y hasta sufro aquel desconsuelo cuando viene el guardia a quitarnos los juegos. Nos queda la alegría de tirarnos al mar para sebar las olas como delfines, juguetones y libres. La caricia del agua fresca… la arena tibia…el abrazo de los míos.

Noto aquellos aromas lejanos entre estas cuatro paredes y el bucio me regala el sonido del mar que no puedo ver, ni oír, desde aquí. 

Suena el dulce sonido de mi móvil: Noche, luminosa y clara, tibia y perfumada llena de armonía…

Me despierto.

— Abuelo, hoy por fin, ya puedo ir a verte. ¿Me llevas a la playa? 

Familia: Suárez Vera-Vera Montilla


 

Una parte de mí.

Recuerdo con claridad nuestros primeros encuentros, desde el primer momento conquistaste todos mis sentidos con naturalidad. He recorrido todos tus rincones, te he vivido de mil maneras y a tu abrigo he forjado grandes amistades. Ahora te añoro pero te siento, eres parte de mí.

Playa de Las Canteras, desde mi ventana te imagino a través de unas gaviotas que te sobrevuelan, te veo con tu piel erizada con la brisa del amanecer, reflejando el pasar de las nubes o dorando tus charcos en el ocaso con tu aroma de bajamar. Sola, como cuando no tenías nombre, tan viva como entonces. Salvaje, libre y pura. Tan solo a la luna sometida, que te llena y vacía a su antojo. Mecida por el vaivén de las olas, que con su embate peinan tu orilla día tras día.

Horacio Hernández

“Mamá”

Seudónimo: Mar

Todavía recuerdo como papá me subía a sus hombros para que pudiera asomar mi nariz al interior de las barcas que reposaban en La Puntilla. Soñaba que de mayor tendría una e iría a pescar fulas y sargos junto a él mientras tirábamos las migas de pan que habían sobrado de los bocadillos del Ñoño.

Sin embargo, caprichos de la vida, la realidad era bien distinta. Sentados cada uno en su silla con los pies en remojo mientras le ponía por tercera vez crema en sus cachetes pelados y le recolocaba el sombrero de Arehucas para protegerlo.

El Alzheimer se lo iba llevando poco a poco. Ya comenzaba a desorientarse pero yo le agarraba la mano y le miraba de reojo para contemplar cómo sus ojos brillaban y se movían al ritmo del oleaje mientras bajaba el sol vislumbrando los vestigios del Teide.

Y de repente balbuceó en susurros un -“Mamá…”- Suspiré. Sabía que nuestra playa de Las Canteras nos recordaría que cuando se perdiera, miraríamos al fondo y sentiríamos con seguridad que el Norte estaría fijo ahí a lo lejos y que seguía guiándonos.

Se podría olvidar de quien era, pero no de lo que sentía cuando acurrucaba la planta de sus pies en aquella arena que le alentaría hasta el último recuerdo, como si Ella fuera su madre que le volvía a acoger entre sus brazos otra eternidad.


 

La revolución pendiente

A la vuelta del letargo y la reflexión, habremos tenido la gran oportunidad para discernir sobre lo vertiginoso de la vida consumista al margen de la explotación del medio. Ahí ha estado siempre disponible, nuestra pacífica y amada Playa de las Canteras, refugio del alma de tantos paisanos, para desacelerarnos. Quizá no es tarde, quizá nos podamos retractar de tanta ceguera colectiva, en la que cada uno de nosotros hemos sido partícipes de un “deprisa hacia dónde, sin saber por qué.” Cerca de nuestra playa, en la primera bocanada de ese aroma tan suyo, nos alimentamos del oxígeno que insufla la naturaleza viva y generosa, aquella que la humanidad se empeña en perjudicar. No obstante, la playa es leal y generosa y nos espera paciente de vuelta, con nuestras almas renovadas y posiblemente, las prioridades alteradas, donde ojalá prime manejarse más despacio, centrarnos más en ser por y para los demás y aunar fuerzas para hacer un mundo más protegido, justo e igualitario. Quizá la naturaleza, dueña y señora de este planeta ( ¡quién no se siente pequeño cuando nos amenaza!), nos pide estar receptivos al mensaje que nos envía, pues sólo una parte de nosotros sabrá interpretarlo. Tal como evoca el lecho de Las Canteras, nos deviene una revolución espiritual, pues el ansia por lo material ha trastocado los cimientos de la humanidad y su supervivencia.

Lopsi


 

La Playa de Las Canteras en cuarentena.

        Me pregunto cómo reaccionará nuestra playa sin que sea pisada, ni paseada, ni admirada por persona alguna en esta cuarentena. En mis recuerdos tengo varias imágenes impresas de Las canteras. Una de ellas, la primera vez que crucé toda la playa en marea baja para el viaje iniciático de valentía suprema de tirarse detrás de la barra, siempre con la consigna de que la subida tenía que ser con una ola y agarrarte fuertemente al filo que quedaba como a unos dos metros… Y con el correspondiente raspón y superado el bautizo, me sentí unida para siempre a esta playa y sus secretos. Otro gran recuerdo entre muchos fue el estreno  del Alfredo Kraus y su gran ventanal en el escenario hacia  el mar con el paso del Armas. Sin embargo, el mejor momento de mi vida en Las canteras fue en La peña la vieja hace 50 años, cuando con mis hermanos margullábamos y vi un caballito de mar  acompañado de pequeños peces de colores y estrellas de mar. Esta imagen me ha quedado impresa en mi memoria, quizá magnificada por el paso del tiempo; y ahora me pregunto si esta playa, sin el contacto con los humanos, tendrá todavía la capacidad  de atraer con sus encantos a esas pequeñas criaturas.

Gema


 

Como en un sueño

Aún recuerdo cuando por vez primera mis ojos se asomaron a tu encuentro…

Tu imponente e incesante canto, tu dulce y melodioso baile, tu fuerte y orgullosa presencia traspasaron mis sentidos, se colaron en mí alma y en mi memoria para rememorarte no solo hoy que te anhelo más que nunca si no a cada instante de mi vida en el que tu remanso de paz se convierte en mi ansiado refugio.

Oh Playa de las Canteras, no es solo tu encanto natural si no tu magia la que enamora, la que sana, la que inunda de vida, es tu mágico mundo una alegoría de libertad al que esta noche siendo prisionera del miedo acudiré una vez más en mis sueños.

Ale


 

Amo a la playa Las Canteras

Mi pobre abuelo canario nunca imaginó  cuando tuvo que emigrar a Cuba que su nieta más  joven un día después de intensa búsqueda  de su familia española un dia pasearia por esa bella playa Las Canteras muuchooss años después  de su partida y que se enamoraría perdidamente de ella.
Muchas fueron los días y noches que mis ojos solo miraban su mar,sus rocas y su arena y por qué  no.. también su gente que disfrutaban de ella.
Ese olor a salitre que se junta con los olores de los bares y cafeterías  que bordean toda su costa quedaron para siempre en mi corazón  y mis recuerdos.  
Vivo en una isla con bellas playas pero Las Canteras representan para mi el reencuentro con mi familia y una deuda saldada con mis ancestros. Por eso le doy las gracias a mi playa Las canteras.
 
Belkis Maya.

 

 

 

El día en el que el Atlántico bañó sus pies

Y una nueva aventura comenzó, de repente, como suceden la mayor parte de las cosas importantes. Una madrugada de septiembre, una ilicitana aterrizó en Gran Canaria. Había llegado a una de las 8 esmeraldas. Con un poco de miedo, pero también con mucha ilusión, había cambiado su tan querido Mediterráneo por un archipiélago en medio del Atlántico.

Como todos los principios, el suyo no fue fácil. Sin embargo, un día, en un intento por conocer los rincones de su nueva ciudad, la descubrió a ella, la playa de Las Canteras y, ¿qué os voy a contar? Fue amor a primer atardecer.

A partir de ese momento, sus paseos de La Cícer al Confital se convirtieron en rutina. Se dio cuenta de que la canción que aprendió años atrás por una apuesta tenía razón, que cuando sales a la calle del mar llega el olor. También aprendió que los atardeceres rojos del Mediterráneo de Serrat podían encontrarse en otros lugares y que Nino Bravo estaba en lo cierto, que más allá del mar sí había un lugar donde el sol cada mañana brillaba más.

Hoy su historia es una más de Las Canteras; historia que se mezcla con el bullicio, las risas o las colas para comer un helado de Peña la Vieja, pero también con la calma y el romper de las olas en la orilla; orilla donde ahora deja que sus pies mediterráneos sean bañados por el Atlántico.

Rebeca Hope.


 

El mar sigue esperando

Hoy, he echado de menos el ruido y la gente en las calles, se me hace raro no escuchar el constante ajetreo de las prisas, los pasos…la gente que sale a correr a la avenida, los viejitos en los bancos o las señoras que se saludan cuando van a hacer las compras del día. Sin embargo, el que quizá sigue ajeno a todo, eres tú, mar… y yo cada mañana, me asomo para comprobar que sigues ahí…y ahora que no hay ruido, te escucho más de cerca…y me arrullas…y me calmas… y me viene a la mente un libro que leí de niña, “ El mar sigue esperando”. Y yo también espero, espero para verte de nuevo y pasear por tu orilla como si nunca lo hubiese hecho, disfrutando de cada paso y de tu brisa.

¡Qué bonita te ves, Playa de Las Canteras!, ahora que con este silencio solo se escucha el vaivén de tus olas, pareces más tranquila, más serena. Y nosotros, gente abierta, gente de mar, gente que necesita de otra gente, cuando esto pase, volveremos deseosos a mirar tu horizonte, tus atardecer de colores… y a pisar tu arena.

Yanira Delgado.


 

«Media vida contigo»

 
Te conocí hace media vida mientras volteaba mi clavo en el aire para hundirlo en tu arena, los gritos del barquillero anunciaban plena actividad en la playa, y a la Peña la Vieja empezaban a llegar los primeros aventureros. Los chiquillos se perdían entre las olas, y futuros arquitectos moldeaban tu arena imaginando castillos. Sombrillas y pequeñas neveras componían pequeños poblados donde las familias se disfrutaban. Aprendí a quererte y a añorarte cuando mi madre me advertía del último baño al caer la tarde, mientras preparaba una toalla para cobijarme. 
Sin duda, a mi corta edad ya empezaba a tener mi primer amor de verano.Tu capacidad para unir amigos, para envolver aventuras y crearte adeptos, sin duda queda aún impoluta, quizás la edad me haga valorarlo mucho más ahora. La sensación de verte sola, vacía y silenciosa me resulta muy extraña, irreal e injusta para ti, que has sido participe de confidencias, amores, música y hogueras.
Pronto, muy pronto volveré a pisarte, a olerte y a abrazarte, mi playa de Las Canteras, te aseguro que desde casa sigo escuchando la llamada de aquel vendedor de barquillos impolutamente vestido de blanco….
 
Hoock
 

 
 
Recuerdos de arena.

Me recuerdo cubierto de arena corriendo hacia donde otros corrían, hacia la Peña la Rebaliza, así la llamábamos, sobre la que nos deslizábamos, una y otra vez; muy cerca los hombres de torso desnudo, tirando de unas cuerdas, inmensas, que sus manos trenzaban, y a nuestra espalda el edificio de Italcable. Al pasar frente a él pensaba en sus moradores, me los imaginaba como los dioses que miraban a las olas, desde sus balcones. La avenida cubierta de baldosas rugosas, que producían molestias a los pies que sobre ellas se movían. Al fondo, donde se unían mareas y nubes y cielo, se divisaba, como reto, la Barra y, de pilón en pilón, me acercaba, manteniendo la distancia que marcaba el miedo y, en mi mente, las palabras ¡no te alejes de la orilla!, sólo cuando aquella rocosa pared se acercaba, tan sólo unas pocas veces al año, llegué a ella… miraba desde sus lomos el otro lado, la multicolor profundidad, ¡tan llena de vida!. Años más tarde, al mirarla, me percaté de la fortuna que otrora gozará, en mis juegos y en mis sueños en la Playa de Las Canteras, o la de Tamaraceite, así conocida por las abuelas. Aún hoy, cuando mi mirada la goza, me veo allí, jugando al clavo y degustando el membrillo, de inolvidable sabor a dulce y salado, que mamá, en el cubo de la playa, tantas veces me pusiera.

Juan Francisco Santana Domínguez


 

Amada y añorada Naturaleza Marina.

Visualizo y experimento las sensaciones con las que me hacías estremecer siendo niñito, querida. ¿Qué me inoculaste que puedo olerte y sentirte en lo más recóndito de mi ser?

En estos momentos de angustia y dolor por un ser casi invisible que no inocula tu grandeza, sólo puedo reconfortarme y calmarme recordándote, querida Playa de las Canteras.

¿Es recíproca la añoranza en estos momentos íntimos de soledad, querida?, Yo cada vez que te siento cuando voy a tu encuentro por esas calles de la niñez, me estremezco como en mi primera vez.

Tu hermoso nombre me sabe a poco, no es fácil devolverte tu generosidad y abrigo. Espérame y abrázame como una madre abraza a su hijo al nacer, yo haré humildemente lo mismo.

Te Quiero
Fer_Bar


 

Los sentidos

por Garbiñe

Aún no concilio el sueño y un gesto de mi brazo sin un por qué,

abre la ventada de al lado de mi cama

cierro los ojos, dejo mi cuerpo y espíritu “latiendo”

tengo sensaciones, como si se  acoplara el soy

…esto, no sé tejer con palabras.

es ahora?  es  después?

…y, como si fuera Evidencia

me encuentro flotando al ritmo de las olas tranquilas en

“Mi Playa Las Canteras”

mi olfato es capaz de oler la profundidad

mis oídos llegan hasta allí dónde parece que no hay más

mis papilas gustativas, desde luego no son saladas, algo nuevo experimentan.

mi piel se estremece, la brisa….el rocío…..los reflejos…..la oscuridad….

sí, sí, amanece.

nueva luz

un día más.


 

«Volver a empezar desde el respeto »

Son días para contemplarte desde la webcams, días donde vemos tu mejoría, días donde nos hemos dado cuenta que a ti, te hacia falta también un paréntesis en el tiempo.
Admirarte tan bella y desnuda, mostrándonos tus encantos y poder apreciarlos, sin ninguna prisa ni distracción.
Te observamos con otra mirada, con esa….En la que nos haces pensar.Cuanto daño te hemos hecho,con lo que tú nos has echó disfrutar.
Que idiotas hemos sido, no sabiendo apreciarte y descuidándote, ignorantes y ajenos a tu amor,solo por nuestro egoísmo y porque no, también a la mala gestión.
No hemos entendido tus mensajes,siempre has estado ahí desde el principio de la vida.Generación tras generación, mandándonos tus mensajes en cada ola a cada rincón,
que se acercaban a nuestro corazón, no hemos comprendido que te hacíamos daño,no hemos sabido apreciar tus encantos, en pleno pulmón de nuestra ciudad,donde gente de todo el mundo te han venido a visitar. Solo una cosa de esta situación con respecto a ti debemos aprender, que a ti mi Playa de Las Canteras, no vale decirte que eres la mejor , que eres lo más que te queremos, incluso que eres lo más grande que nos ha dado Dios, dirán algunos. A ti joya de la corona, te tenemos que prometer que cuando pasé está pesadilla,vamos a emplear los argumentos que hemos aprendido y eso empieza por el respeto a los demás. Ese que se tiene a una madre que lo da todo por ti, tenerte cuidada y si es posible darte un respiro,como estás ahora respirando, una semana al año, solo decirte que cuando pueda ir a verte me acojas en tu regazo y poder acariciarnos piel con piel, como una madre acurruca a su bebé.

Fran Santana


CON HAMBRE DE TI.

Desperté con una extraña sensación, algo faltaba en mí. Me levanto y abro las cortinas del balcón. El sol que penetra  a través de las puertas de cristal acaricia mi piel. Ese golpe de calor en mi cuerpo, se transforma en una repentina oleada de imágenes en mi mente. Cierro los ojos y ahí estoy, como si de un viaje astral se tratase, veo mis pies descalzos caminando por la orilla de la playa. El agua cristalina y fresca hace erizar mi cuerpo y a cada paso, la arena dorada, absorbe mi peso como el reconfortante abrazo de una madre. Miro hacia el frente y vuelvo a descubrir toda la belleza de mi Playa de las Canteras. A lo lejos, la espectacular Barra Grande, siempre firme ante el golpe de las enormes olas en marea baja y patio de recreo para surfistas en marea alta. La Barra Chica, entre los Lisos y Playa Chica, refugio de millones de alevines que tratan de sobrevivir en este mundo acuático y que sirve de acuario natural para mostrar su belleza a quien quiera caminar con respeto sobre ella. La Peña de la Vieja en la zona de los Momos que se alza impetuosa sobre la superficie del atlántico. La Cicer, donde las olas y la arena dan rienda suelta al deporte playero. Sin más, al igual que me fui, abro los ojos y regreso a mi realidad. Ahora es tiempo de estar en casa, pronto, todo pasará y volveré a dejarme seducir por tu energía de nuevo. Mi corazón sigue con hambre de ti. Gracias por darme tanto. Que todos los seres sean felices en este mundo maravilloso.

Delosli


Mi playa de Las Canteras.

En estos momentos de incertidumbres es cuando realmente se echa de menos nuestra joya capitalina que es la playa de Las Canteras. Ahora es cuando nos damos cuenta que si ese paseo diario por esas arenas claras, esos baños todo el año en nuestras aguas cristalinas o esos carreras por la avenida de nuestra playa, en estos momentos de cuarentena es cuando nos damos cuenta de lo importante que es nuestra playa de Las Canteras. Seas de la Puntilla, Peña La vieja, Playa Chica, La Cicer o el Confital, recuerda que cuando todo esto haya acabado y espero y deseo que sea pronto, nuestra playa de Las Canteras nos estará esperando para disfrute de ella. No solo los canarios, sino también los visitantes que vengan de fuera, así que desde aquí les digo..cuidemos lo nuestro y cuidemos nuestra joya de la capital que es nuestra playa de Las CANTERAS

C. Ray Herrera


 

Poema a Las Canteras.

Mi playa de Las Canteras, mi infancia, mi juventud y mi madurez. En cada momento de mi vida siempre presente, ayudándome con tu magia.Hoy más que nunca te necesito conmigo. Tus olores, la vida y alegría que desprendes…no imagino una vida donde falte tu ambiente, tus colores.Tu arena puede contarnos tantas historias bonitas, tantos dramas también…pero todos con algo en común…tu aire y tu sal.Espéranos joya preciosa, danos un tiempo para recuperarnos y quizá….amarte aún más si es posible.

Isabel Ramos


 

Mar con crestas de plata.

Y aquí estoy, aquí sigo en mi espuma, en mis olas con crestas de plata,en mi cielo celeste y mi salitre amarillo. 
Lo mejor que se respirar es isla, puestas de sol Africanas y piel con sabor a mar.  He recorrido muchos rincones de  esta gran bola que creyeron plana y en todo y cada uno de ellos me he sentido como en casa.  Siempre he sido de las que cuando menos lo esperas se va.  Y si, siempre me iré, pero siempre volveré, a mis olas con crestas color de plata, mis puestas de sol Africanas, mi piel con sabor a mar, a ti, y a mí… Playa de las Canteras, de ti estoy tan impregnada, que en ti puedo sentir estar, sin estar. 
Tú que siempre me esperas, tú que siempre estás ahí para mí, para todos. Volveremos, si, volveremos a nuestro mar con crestas de plata, a esos cielos quietos que calman el alma, ahí, donde todo vuelve a cobrar sentido…
 
Anacha Afonso

 

1 Comment

  1. Cris Paiser
    24 marzo, 2020 at 8:12 AM

    Todas hermosas.
    La de Isabel Ramos te toca el alma

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