Fallece Martín Chirino, un genio criado en Las Canteras

Chirino con Millares y Padorno en Las Canteras. Años 50

Como homenaje al escultor universal reproducimos una entrevista que la periodista Ángeles Arencibia le realizó para esta web en mayo del 2016. 

Martín Chirino: “De niño quise mover el horizonte”

El escultor recuerda cómo fue su infancia en la playa de Las Canteras

Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925) afirma que de niño quiso “mover el horizonte” y que en aquel tiempo fue “un hombre medio pez”, magníficas imágenes para llevarnos a la playa de Las Canteras de su infancia, en la primera mitad del siglo XX. Su relato habla de aventuras infantiles en un entorno sin domesticar, de soledad y de un viento que levantaba “espirales de oro”. El escultor se deja entrevistar en pleno paseo, muy cerca de dónde estuvo su casa familiar, y no muy lejos de la fundación que lleva su nombre.

– Le veo un poco disgustado con lo que se ha construido por aquí…

-No está mejor de lo que era, era más bonita cuando era desértica.

  • ¿Cómo era la playa idílica, la playa de su infancia?

-La playa de mi infancia no estaba masificada, pero ni siquiera eso. Era otra sociedad, otro comportamiento de la gente. No era multitudinaria , todo el mundo no venía a la playa, había personas que podían vivir dos calles más allá y en su vida bajaron a la playa, cosas de ese tipo podían suceder: pero eso tiene que ver mucho con la idiosincrasia del canario. Cada persona es una isla y se encierra.

-Pero no fue su caso, usted fue un niño que sí bajaba a la playa.

-Yo nací aquí y viví toda mi vida aquí. Yo era un hombre medio pez, igual que mi hermana, estábamos todo el día nadando. Si tu vives en el campo, tienes una casa con jardín; si tu vives en la playa, tiene una casa con el mar. Toda nuestra imaginación se desarrollaba con lo que íbamos a hacer en el mar.

La Barra

“Teníamos una chalana, teníamos una yola; si no, la fabricábamos. Íbamos a la Barra, volvíamos de la Barra. Aprendimos a sortear todo el peligro. Alguien nos dijo: ´Tengan cuidado que la mar es peligrosa’. Siempre nos lo decían, pero eso mismo nos llevaba a investigar.

Una vez fui a la Peña del Peligro, una peña que hay a medio camino entre la orilla y la Peña la Vieja. Después, el día que llegué a la Peña de la Vieja fue una proeza para mí y para mi hermana.

“Cuando ya fuimos a la Barra, eso ya era la locura, conocíamos un camino que casi íbamos andando en la bajamar. Y salir a la mar abierta, eso fue un triunfo.

  • ¿Qué quedó de todo eso en su obra?

-Era siempre el mar, el mar tiene personalidad. Mi tierra también es el mar, no solo es sólida también liquida. Un mar que me planteó un horizonte que yo quise mover.

Las espirales de oro

De pequeño me tiraban a la playa y cuando soplaba el viento y se levantaban las espirales de oro que iban hacia el cielo, yo siempre miraba y decía, por qué no se mueve el horizonte, porque yo quería saber qué es lo que había detrás.

Es angustioso vivir en un lugar en donde no teníamos los medios de comunicación ni de transporte que tenéis hoy. Había un correillo que venía cada siete días y siempre lo estábamos esperando. Íbamos como locos al Puerto para verlo, no había otra cosa.

Manolo Millares decía : ‘A las tres de la tarde no vamos a ningún lado porque zumban las moscas’. Se oía el zumbido de las moscas

(La conversación con Martin Chirino tiene lugar a la altura de la calle Galileo)

Tenéis que pensar que era una tierra casi deshabitada. Nosotros ahora mismo estaríamos bajo una duna. Las dunas crecían aquí donde estaba maestro Antonio, y a partir de ahí seguían y llegaban al Metropol. La iglesia del Pino, yo no sé por qué locura la hicieron ahí en medio. estaba allí despistada.

   

 

– Ha dicho que usted fue un hombre medio pez, una expresión que me encanta, ¿cómo era el día a día?

– Tienes que contar con el ambiente: la soledad, lo primero. Esto era un sitio muy solitario, no existía el paseo para caminar, sino una calle de tierra y unas defensas contra el mar.

Cuando venía la pleamar esa bestial, los rebosos de la Virgen del Pino, la marea se lo llevaba todo. Nos quedaban todas las casas colgadas, todos los padres preocupados.

– ¿El mar excavaba los cimientos de las casas?

-Se metía debajo (de las casas). Debajo hay arena y barro, y es un barro que se ha creado por depósito del mar, por lo visto, de la tierra , la arena no era tan pura y estaba mezclada con tierra. Había una casa, la de los Alzola, que ahora hay un restaurante (la casa roja), que estaba excavada por debajo. Y la de don Bernardino. A ese hombre le pasaba lo mismo: ‘A ese hombre un día la casa se le cae’, se decía. Íbamos a verla.

– Describe una vida en plena naturaleza, ¿siente nostalgia?

-Vivíamos en medio de la naturaleza. Yo era un niño pez y mi hermana lo mismo, adorábamos la playa, la playa era nuestra libertad. Siempre pienso en mi hija: su aventuras las hizo en el jardín de mi casa, yo las hice en la playa.

Aunque mi casa (de Las Canteras) tenía un jardín porque daba hacia la calle Portugal, pero eso era arena, todo eso que ves ahí eran unas dunas enormes, maravillosas.

Con un poco de visión pudo haber sido algo tan hermoso la ciudad de Las Palmas , pero bueno no puedo añorar el recuerdo

– ¿Lo vive como ….?

-Es una agresión.

– ¿Casi como una tragedia?

-Si, pero también tengo que matizarlo. Todos tenemos nuestros recuerdos y siempre nuestros recuerdos nos llevan precisamente a eso, al aislamiento, y eso tampoco es bueno. Tenemos que participar, yo creo que tengo que ser una persona participativa, aunque a veces esté hundido en la controversia, pero es así: soy un hombre que está siempre en marcha pero a la vez tiene pasado y eso no se puede olvidar.

La mirada estética

– Su opinión importa: ¿Qué se podría hacer en la playa para mejorar?

– Teóricamente muchas cosas. Luego aparece “poderoso caballero es don dinero …” Vivimos en una sociedad tan convulsa y tan extraña

– ¿Qué hacemos?

-Es fácil: solo abrir los ojos y ver lo que tenemos alrededor.

Los intelectuales del XIX creían que Canarias era un lugar idílico, un lugar donde podían ocurrir cosas extraordinarias, se dice que el paraíso terrenal estuvo aquí

Yo siempre digo, es una frase acuñada por mí, que la mirada estética ha fallado. Será una visión idílica mía, pero realmente no creo que haya sido tan difícil. En vez de hacer las cosas así, pudieron haberse hecho asá.

Lanzarote es el paradigma, Lanzarote esta francamente bien hecho y la ausencia de Manrique se nota.

– ¿Tienen la culpa los intelectuales de Gran Canaria?

Si existe alguna culpa, es de todos; si existe alguna culpa, es de la sociedad, el intelectual sin dinero no hace nada.

– ¿Sueles venir a la playa?

-Suelo visitarla cuando vengo. Ahora contemplo más la playa desde el anfiteatro del paseo.

La Fundación Martín de Arte y Pensamiento Chirino

Martín Chirino, página oficial

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