Cabaret se gestó en la playa de Las Canteras

Christopher Isherwood escribió en la playa las novelas que inspiraron el personaje inmortalizado por Liza Minelli

Por Cayetano Sánchez

En la memoria de la historia del cine ha quedado fijada para siempre la imagen de Liza Minelli caracterizada para su interpretación en la película Cabaret. Dirigida por Bob Fosse en 1972, el guión parte de en un exitoso musical, que aún hoy día no baja de los escenarios de todo el mundo. Sally Bowles se llama en esa ficción la diletante muchacha que sobrevive como puede en el Berlín del advenimiento del nazismo. Seguramente Liza-como otros muchos- no saben que Sally dio sus primeros pasos literarios en la playa de Las Canteras, lugar donde el escritor Christopher Isherwood (Inglaterra.1904-1986) pergueñó la novela donde aparece este personaje. Esta es su historia.

Adiós a Berlín –una de las grandes novelas de la literatura británica del siglo XX- y Mr. Morris cambia de trenes son las obras donde se inspira el musical, y más tarde la película Cabaret. En ambas obras, Isherwood refleja el Berlín en de los años treinta, y se recogen ciertos aspectos su vida, principalmente referidos a su homosexualidad; un tema tabú en aquéllos tiempos por lo que aparece algo enmascarado en la novela. No sería hasta el año 1977 cuando Isherwood hable abiertamente de su condición, y lo hace con la publicación de su libro de memorias titulado Christopher and His Kind ,(Christopher y su gente).
En estas fascinantes memorias, de interesante técnica narrativa y escritas en tercera persona, el autor revela que fue a Berlín en busca de la vida abiertamente gay que no encontraba en su recatada Inglaterra. Igualmente refleja sus relaciones con otros escritores ingleses homosexuales, con nombres y apellidos, así como sus viajes por Europa y el mundo, acompañado de un joven llamado Heinz, que se convierte en su primer amor verdadero. En una de esas huidas, y tras una estancia en Tahiti, la pareja se plantea dónde hacer la siguiente escala en su travesía.

«Entonces- escribe en sus memorias- alguien le sugirió el nombre de las Islas Canarias. No se hallaban muy lejos, pero parecían (en 1934) adecuadamente remotas. Al menos Christopher podría pensar de sí mismo que escapaba de Europa; políticamente las islas pertenecen a España, aunque geográficamente son parte de África”.

Una vez tomada la decisión de dirigirse a Canarias, prosigue la narración: “A principios de abril Christopher y Heinz se embarcaron en un barco holandés desde Rótterdam vía Vigo, Lisboa y Funchal hacia Las Palmas, la principal ciudad de las Canarias, en la isla de Gran Canaria. Se alojaron en el Towers Strand, un hotel construido al estilo germánico moderno junto a la playa. La habitación era una especie de cobertizo situado en lo alto del edificio… Tenían toda la espaciosa azotea para tomar el sol, con una vista sobre Las Palmas y al fondo las montañas volcánicas que formaban el centro de la isla. Los rayos de sol calentando la playa y el océano, los nubarrones amasados en torno a las montañas, los gallos cacareando y las cabras paciendo en las azoteas, el humo soplando de las chimeneas de los barcos y la ropa recién lavada aleteando en la brisa marina, borrachos acurrucados y dormidos contra paredes pintarrajeadas con eslóganes que presagiaban guerra civil, entonces a sólo dos años de distancia”.
Al margen de contar las amistades, principalmente extrajeras, que hicieron en Las Palmas, Isherwood, señala algunas que hicieron con algunos jóvenes isleños;una lástima que no aporte sus nombres…”Permanecen sentados hablando sobre pintura o se reúnen en sus habitaciones para escuchas la Sonata Kreutzer como estudiantes universitarios”.

 

Nace Sally

Pero aparte del valor literario que supone conocer las impresiones generales de Isherwood de la Canarias de los años treinta, en escritos realizados en el hotel de Las Canteras el 23 de mayo el autor manifiesta que está atascado, que no le va a ser posible escribir tal y como esperaba, sin embargo trabaja al cobijo de la playa las características de algunos de los personajes que más tarde serían parte de la historia de la literatura y el cine: “Sally Bowles ‘perdida’, Otto Nowak, el muchacho ‘perdido”… Confrontando todos sus personajes y sus historias, Christopher parecía un funcionario llamado a tratar con una multitud de inmigrantes con sus pertenencias. Ellos esperan, con absoluta pasividad, a que se les diga dónde van a vivir y cuáles serán sus ocupaciones…”.

Una esvástica en el Nublo

Cansado del atasco creativo en el que está sumido, la pareja decide a comienzos de junio tomar una guagua y explorar las montañas de Gran Canaria a pie, encontrándose con cosas sorprendentes en el camino:

“Desde el fondo de un extinto cráter, convertido ahora en fértil tierra de cultivo, ascendieron lentamente hasta su borde en lo alto y de allí se encaminaron a través de vertiginosas cumbres hasta el pedestal de una vertical de aspecto siniestro llamada El Nublo. Aparentemente imposible de trepar, había sido recientemente escalado por un grupo de turistas nazis, quienes plantaron las esvástica en lo alto”

Sorprendidos por tal hallazgo, y de seguro que con el miedo en el cuerpo, prosiguieron su periplo por la isla: “Al día siguiente descendimos con dificultad a través de aparentemente interminables barrancos que finalmente les llevaron al extremo sur de la isla, Maspalomas. Un alto y esbelto faro se alzaba en lo que parecía un pequeño trozo del desierto del Sahara, trasplantado desde el otro lado del mar”.

¿Tenerife, vulgar?

El seis de junio la pareja abandona Gran Canaria para dirigirse a Tenerife, pues: “Christopher creía sería capaz de trabajar allí, con menos distracciones…Llego incluso a considerar poner ‘Tenerife, 1934’ en la parte inferior de la última página. Más una vez terminada su novela, algo le decidió a no hacerlo. Quizá se debió al hecho de que Forster había colocado el antirromántico ‘Weybridege’ al final de dos de sus novelas. ¿Acaso no resultaba ‘Tenerife” un poco vulgar?’, escribe”.  Tras instalarse en una pensión llamada El pabellón de Troika de La Orotava, prosigue.

“Era emocionante saber que uno vivía sobre las laderas de un volcán de doce mil pies de altura. Lo habían visto desde el rocoso pedestal del Nublo, alzándose sobre una nebulosa base en la lejanía del océano. Pero aquí el volcán estaba demasiado cerca como para ser visible. Aquí uno no era más que un simple átomo en el magnífico panorama que ofrecía Gran Canaria”.

Tal vez para mejorar su percepción del Teide deciden partir a escalar su pico. “Habrían contratado a un guía y dos mulas para acarrear comida y las mantas… Pasaron la noche en una cabaña-refugio en la planicie de lava que rodea el cono del Pico. Después del crepúsculo la temperatura descendió bruscamente…A Christopher le afectaba considerablemente la altitud, le hacía sentirse tenso, aprehensivo, algo trastornado…A la mañana siguiente, jadeantes en aquella atmósfera enrarecida, siguieron un sendero practicable hasta lo alto del cono…Había un lugar donde se podía escuchar un sonido como el rugir de un fuego subterráneo. Mientras el sol ascendía, ellos permanecieron en silencio en la inmensidad de la nada…”

Otras islas

“El 15 de agosto Chistopher y Heinz comenzaron un viaje de una semana por las tres islas más occidentales del archipiélago canario, La Palma, Gomera y Hierro. Esto era puro esnobismo viajero: las islas tenían poco que ofrecer salvo su lejanía, además de la pretensión de La Palma de poseer el cráter extinto más grande del mundo. La larga duración del viaje se debía a los intervalos entre las visitas del vapor costero. Sin embargo Christopher y Heinz mataban el tiempo felizmente, subiendo a gatas los conos de cenizas volcánicas, jugando al billar en las fondas, o permaneciendo en las camas. Heinz era una buena persona con la que aburrirse; nunca culpaba a Christopher de su aburrimiento”
Y así, en ese clima de entendimiento mutuo, la pareja abandonan Canarias el 6 de septiembre de 1934, y al poco tiempo su periplo por todo el mundo: “Un gran viaje de Christopher producto del rechazo a su patria y del Desafío a Casi Todo el Mundo”.

 

 

El autor, Cayetano Sánchez

Cayetano Sánchez es periodista

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